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Licitación desierta: Guía práctica para empresas

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Lunes, vuelta de las vacaciones, 11:30. Entra el aviso: “Se declara desierta la licitación”. Ni ganadores ni perdedores. Silencio.

Si te ha pasado, sabes la sensación: no es frustración como tal, es desconcierto. Porque no hay “resultado”; hay un expediente que se queda en tierra de nadie.

Y justo ahí es donde suele estar la diferencia entre perder tiempo… o ganar ventaja. Una licitación desierta no es el final: muchas veces es el prólogo de una reedición con cambios. La clave es entender por qué se quedó desierta y qué hacer antes de que reaparezca.

¿Qué significa que una licitación quede desierta?

Significa algo bastante llano y directo: el órgano de contratación no puede adjudicar porque no hay una oferta que pueda convertirse en contrato.

Traducción: o no se presentó nadie, o lo presentado no era admisible (por forma o por solvencia), o no era viable y no pasó el filtro.

En los anuncios y actas suele aparecer en frases tipo:

  • “No se han presentado proposiciones…”

  • “Todas las proposiciones han sido rechazadas/irregulares…”

  • “Las ofertas presentadas resultan desproporcionadas…”

Un matiz: el anuncio te da el titular, pero el motivo real suele estar en una línea del acta o del informe técnico. Si quieres entender el caso, ahí es donde se lee el diagnóstico.

Principales causas de licitaciones desiertas

Falta de ofertas

Aquí el mensaje del mercado es directo: no compensa o no encaja.

Motivos típicos:

  • Precio base por debajo de los costes reales (mano de obra según convenio, logística, materiales, estructura). Cuando los números no salen, la respuesta no es “competir más”: es no presentarse.

  • Plazos imposibles o ventanas de presentación demasiado estrechas. Si además hay que coordinar recursos, visitas, subcontratas o UTE, el calendario mata la concurrencia.

  • Objeto poco atractivo: sin volumen claro, sin lotes cuando tendría sentido, o con un alcance “todo en uno” que dispara el riesgo.

  • Riesgo operativo alto: penalidades duras, garantías elevadas, incertidumbre técnica… y margen insuficiente para absorberlo.

En la práctica, muchas desiertas por “falta de ofertas” no son desinterés: son autoprotección.

Ofertas inadmisibles o desproporcionadas

Aquí sí hubo movimiento, pero el proceso se cayó por el lado administrativo o por el lado de la coherencia.

Causas frecuentes:

  • Errores formales: documentos donde no toca, firmas, anexos, nomenclaturas, idioma, formatos o límites de tamaño. Duele porque es evitable y, aun así, pasa.

  • Solvencia mal acreditada o insuficiente: a veces se tiene solvencia, pero no se prueba como el pliego exige; y en contratación pública “parecido” no es “válido”.

  • Desproporción sin justificación convincente: si el precio no sostiene lo prometido, se pide explicación. Si la explicación no es trazable, se queda fuera.

  • Incoherencias entre técnica y economía: recursos, tiempos o mejoras que no cuadran con el presupuesto ofertado. Mesa suele detectar rápido cuándo el relato va por un lado y el número por otro.

Cuando esto ocurre, el expediente no se queda desierto “por mala suerte”: se queda desierto porque el estándar de admisibilidad y viabilidad no se cumple.

Problemas en pliegos, precios o solvencia exigida

A veces el problema no está en las empresas, sino en el diseño del expediente:

  • Pliegos ambiguos o con contradicciones entre documentación técnica y administrativa.

  • Presupuesto de partida desactualizado respecto a costes reales del mercado.

  • Solvencias sobredimensionadas que expulsan a operadores capaces (especialmente pymes).

  • Lotes inexistentes o mal planteados: demasiado grandes, mezclando naturalezas distintas o concentrando riesgos innecesarios.

Traducción: si el pliego pide un servicio real a precio irreal, o pone barreras que no guardan proporción con el objeto, el mercado responde con ausencia… o con exclusiones.

¿Qué puede hacer la Administración tras una licitación desierta?

Tras declarar el contrato desierto, hay varias salidas (según el caso y el marco legal aplicable):

  • Revisar y volver a licitar: lo más habitual. Ajustan precio, plazos, alcance, solvencia o lotes y publican de nuevo.

  • Recoger información del mercado (de manera no vinculante) para afinar el objeto con lo aprendido.

  • Acudir a un procedimiento negociado sin publicidad cuando no hubo ofertas o todas fueron irregulares/desproporcionadas y se cumplen los requisitos legales.

  • Dividir en lotes para ampliar concurrencia y repartir riesgos.

  • Ajustar solvencia (sin perder garantías) o ampliar plazos de presentación/ejecución si fueron el cuello de botella.

En términos de calendario, lo relevante es esto: el expediente suele reaparecer. Y cuando reaparece, lo hace corrigiendo (al menos parcialmente) aquello que lo dejó vacío.

Qué significa para las empresas: ¿oportunidad o problema?

Depende de la reacción. Una desierta puede ser un “bloqueo” o puede ser una ventaja competitiva si la tratas como lo que es: un diagnóstico del mercado y del expediente.

  1. Diagnóstico frío (48 h).

    No es momento de conjeturas. Lee el acta y el informe y responde a una pregunta: ¿se cayó por falta de interés, por inadmisiones o por viabilidad?

  2. Recalcula el caso de negocio.

    Costes reales, riesgos reales, tiempos reales. Define tu rango de viabilidad y decide si, con cambios razonables, tendría sentido presentarse en una reedición.

  3. Solvencia y alianzas, sin improvisar.

    Si el cuello fue solvencia (o capacidad), trabaja colaboraciones específicas, UTE si aplica y evidencias listas (experiencia trazable, disponibilidad, recursos). La reedición no avisa con meses de margen.

  4. Dossier de viabilidad preparado.

    Si sospechas que el presupuesto no cambiará mucho, prepara el soporte: dimensionamiento, proveedores, eficiencias, plan de continuidad, gestión de riesgos. Cuando reabra, no compites en velocidad: compites en solidez.

  5. Aportaciones técnicas con datos, si existen cauces.

    Si hay mecanismos de consulta o aclaración, plantea observaciones limpias y profesionales: qué recurso mínimo exige el servicio, qué impacto tiene una cláusula, qué alternativa mejora ejecutabilidad. Sin dramatismo, sin ruido, con evidencia.

  6. Vigilancia activa del expediente.

    Alertas y seguimiento. La reedición suele tocar una de estas cuatro palancas: precio, plazos, solvencia o lotes. Si estás encima, llegas antes.

Mini-caso:

Servicio TIC de ámbito provincial. Primera convocatoria: cero ofertas; el presupuesto no sostenía el mínimo operativo. Segunda: se presentan varias, pero caen por solvencia acreditada de forma insuficiente y por dudas de viabilidad. Tercera: se reorganiza en lotes, se ajustan plazos y se corrige presupuesto. Llegamos con colaboración cerrada, documentación preparada y una memoria con hitos, criterios de aceptación y continuidad. Resultado: adjudicación de uno de los lotes por coherencia entre lo ofertado y lo ejecutable.



Una licitación desierta no es un vacío: es un mensaje. Para la Administración, un espejo. Para la empresa que trabaja con método, una segunda oportunidad.

La próxima vez que veas “se declara desierto”, no lo leas como un cierre. Léelo como una pregunta: ¿qué falló… y qué puedo tener listo antes de que vuelva a salir?

Si quieres jugar esa partida con ventaja, mira cómo trabajamos las memorias técnicas en EIG.

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Consultor en licitaciones públicas | Formación y acompañamiento para obtener resultados en licitaciones | + 5 años de experiencia ganando licitaciones
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